Por la noche la despertó. Ella lloraba en sueños. Le contó: "Estaba enterrada. Hace ya tiempo. Venías a verme todas las semanas. Siempre golpeabas con los nudillos en la tumba y yo salía. Tenía los ojos llenos de tierra. Decías "Así no puedes ver", y me quitabas la tierra de los ojos. Y yo te decía: De todos modos no veo, si tengo agujeros en vez de ojos". //